7/2/15

LOS ARMENIOS EN ESPAÑA

José Antonio Gurriarán*
-Levon VI gobernó Madrid en el siglo XIV y comerciantes armenios se instalaron en Andalucía en el XVI.
-Tras siglos de escasa presencia hoy la colectividad suma 40.000 miembros, cada vez más organizados y dispuestos a conmemorar el Centenario del Genocidio.

No voy a extenderme aquí en el tema del atentado. Lo hice cuando era oportuno en los medios de comunicación y en dos libros, La Bomba y Armenios, el genocidio olvidado, en los que, desde ideales pacifistas, traté de entender porque había jóvenes tan desesperados que colocaban bombas. Sin embargo inicio con él este texto porque la fecha marcó un antes y un después en mi vida, que pasó de la casi total ignorancia sobre Armenia y los armenios a un interés, que se convirtió en pasión en la medida en
que he ido conociendo a estas gentes, su cultura milenaria, espíritu democrático, religión y esfuerzos para defender sus tierras y mantener su fuerte identidad frente a invasiones continuas. También, porque este interés por descifrar las causas directas o remotas del atentado me impulsó a buscar a sus autores y a visitar colectividades armenias de veinte países y las de toda España con las que, desde entonces, mantengo una relación cordial y frecuente.

Durante el siglo XX nunca existió una colectividad armenia numerosa, estable y organizada en España, como sucedía en Francia, Líbano, Irán, Argentina, Uruguay, California y en otros lugares con notable presencia y actividad de una diáspora que tenía su origen en el genocidio. Hace menos de una década, cuando las circunstancias de desarrollo económico, industrial y turístico de la nación hispana parecían las más favorables para que existiera y ya se había establecido en algunas de sus regiones un contingente importante de armenios, en su mayor parte procedentes de la República de Armenia, comenzó la profunda y larga crisis económica mundial, en España especialmente acentuada, que forzó a millares de inmigrantes armenios a buscar nuevos horizontes de trabajo en Estados Unidos y en otras naciones de América, Europa y Oriente Medio menos afectadas por la crisis y, en algunos casos, a regresar a su país.
Por su movilidad y porque muchos de ellos carecían de residencia y permiso de trabajo legales, nunca hubo un censo oficial y seguro de esta colectividad, que algunas de sus organizaciones y fuentes de los ministerios de Exteriores y Trabajo e Inmigración españoles calcularon, antes de la crisis, entre 60.000 y 80.000 personas. En cualquier caso era la más copiosa de todos los tiempos y las áreas de mayor concentración las provincias levantinas de Valencia y Alicante, que gozan de un clima mediterráneo suave muy atractivo para quienes proceden de tierras frías, seguidas de las dos grandes urbes españolas, Barcelona y Madrid. 
Por las razones expuestas y por la acelerada salida en los últimos años de millares de armenios que perdieron sus trabajos por el desplome económico, tampoco hoy existe un censo fiable al cien por cien del número de armenios que hay en España, que continúan establecidos en las áreas citadas. La cifra más creíble oscila entre los 30.000 y 40.000, que estiman extraoficialmente la Embajada de Armenia en Madrid y los departamentos de estadística de algunos gobiernos regionales.
UN REY ARMENIO EN MADRID
Hay dos etapas en la historia de España y de Armenia en las que esta presencia, sin ser numerosa, fue intensa y la relación entre ambos pueblos fructífera. La primera tiene como fecha clave el año 1382 cuando se instaló en el Palacio de Oriente y gobernó Madrid el rey Levón VI, hijo de Isabela de Armenia y de Juan de Lusignan. Una página durante mucho tiempo desconocida de la historia, todavía poco investigada y contada por algunos escritores costumbristas madrileños de finales del siglo XVIII y principios del XIX, el más documentado de ellos Mesonero Romanos. 
Único reducto cristiano del Asia Menor, el reino de Cilicia, había sufrido el ataque de los musulmanes durante siglos. En 1375 los mamelucos de Egipto sitian Sis, la capital del Reino, la conquistan y hacen preso a su rey, al que llevan a El Cairo. Prisionero del sultán Levon VI envía, en 1382, una embajada personal a distintos países de Europa, con la misión de obtener el rescate por su libertad. Su objetivo final es pedirles ayuda militar para ser liberado y volver a Cilicia. El papado está entonces dividido entre Roma y Avignon y la embajada recibe buenas palabras pero no tienen éxito sus aspiraciones. El rey de Aragón y Cataluña les entrega dinero, pero también les niega tropas para recuperar el reino. Juan I de Castilla los recibe en su palacio de Medina del Campo, les carga con ricos presentes, escribe al sultán solicitando la libertad del secuestrado y ofrece a éste hospitalidad en su reino y el trato deferente que corresponde a su rango. 
Los dos armenios emprenden viaje de regreso a Egipto, también con regalos valiosos que envía Juan I al sultán, acompañados por dos emisarios suyos. El nombre del poderoso rey de Castilla abre entonces todas las puertas: el sultán recibe a la comitiva y les dice que no precisa rescate, que acepta los presentes por proceder del rey de Castilla, pero basta la solicitud de este para dejar en libertad al monarca armenio.
El 30 de septiembre Levón VI embarca hacia los mismos países europeos que habían visitado sus emisarios, con iguales propósitos de solicitud de ayuda para rescatar su reino. Hace escala en Rodas y en Venecia y solo recibe hospitalidad y parabienes. El Papa Clemente VII le condecora por su defensa de la causa de la cristiandad y le promete ayuda, pero tampoco está dispuesto a organizar una milicia. Levón sale decepcionado de Avignon, donde esperaba ser correspondido por la ayuda de siglos prestados por Armenia a los cruzados.
Juan I de Castilla lo invita a sus esponsales con Beatriz de Portugal, en la  primavera de 1383, y le trata con gran deferencia. Tras la boda le hospeda en la Corte de Medina del Campo, con honores de un príncipe real y recibe del rey castellano los señoríos de Andújar, Ciudad Real y Madrid, en cuyo Palacio de Oriente Levón se instala con su sequito. Cuentan los cronistas que con su gobierno mejoró la administración y hacienda de Madrid y que era un hombre trabajador y sencillo que paseaba, a pie y a caballo, por las inmediaciones del palacio. Los miembros de su séquito y otros muchos armenios que se establecieron entonces en Madrid y en los otros dos señoríos que le concedió el rey de Castilla adquirieron fama de tener una especial habilidad para las Bellas Artes y el comercio.
Con la idea permanente de la recuperación de su reino Levón VI hizo una última tentativa en la corte francesa. Fue bien recibido e instalado en Paris, pero tampoco obtuvo ayuda para recuperar Cilicia. Desde Francia continuó en permanente y amistoso contacto con el rey de Castilla al que visitó en alguna ocasión .Murió en Paris y fue sepultado en la Iglesia de Saint Denis donde una lápida recuerda hoy su nostalgia de Armenia. Su historia es un capítulo que revela las buenas relaciones que tenían los armenios con los países europeos del Mediterráneo y en especial con España. 
COMERCIO CON LA AMERICA HISPANA
La segunda etapa de presencia armenia destacable en la historia de España la propició el Descubrimiento de América por Cristóbal Colón, en 1492, al servicio de los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. La importante riqueza y el intercambio que generaban el oro, la plata, las maderas preciosas y otros productos procedentes del Nuevo Mundo atrajeron a familias enteras de comerciantes armenios que, en su mayor parte, procedían de las ciudades Estado y las repúblicas del Mediterráneo dedicadas a negocios derivados del tráfico marítimo. Se reinstalaron en Sevilla y Cádiz, las dos ciudades andaluzas que prácticamente monopolizaban el rico comercio entre los dos continentes, Sevilla como la gran puerta abierta a América y Cádiz como centro del monopolio del comercio de la seda.
La primera pista sobre la existencia de esta colonia en Cádiz, en los siglos XVII y XVIII, y de una iglesia en la ciudad que conserva inscripciones y delicados azulejos armenios, me la proporcionó el fallecido Karekin I, Catolicós de los armenios del exterior, cuando yo buscaba a miembros del ESALA y lo visité en Líbano en la década de los ochenta. Años después me habló del tema Der Massis, un sacerdote armenio residente en Móstoles (Madrid) que visitó el templo gaditano en uno de sus viajes para atender espiritualmente a los miembros de la Iglesia Apostólica Armenia de España. .Finalmente encontré bibliografía sobre el tema en viejos legajos de la Biblioteca Nacional de Madrid y en el Archivo de Indias de Sevilla. En la primera me pareció muy interesante una crónica, amplia y bien documentada, de Adolfo de Castro publicada en el Boletín de la Academia de la Historia del 28 de octubre de 1887. La crónica confirma con datos concretos esta presencia y yo reproduje literalmente algunos de sus párrafos en mi libro Armenios, el genocidio olvidado. En este artículo dedicado a los armenios de España recojo alguno de los más significativos:

“El primer armenio del que se tiene noticia en Andalucía era el monje Sarguis o Sarkis (Sergio), que, en 1590, peregrinó del país asiático a Europa, llegó a Sevilla y relató en una crónica el primer testimonio armenio sobre el descubrimiento de América .El monje contaba que había visto cinco navíos, con una tripulación de quinientos marinos, que llevaban a esta ciudad las riquezas del Nuevo Mundo: es el oro y la plata que crecen solos, es algo maravilloso”,escribía admirado.

El segundo párrafo que entresaco de mi libro se refiere al primer armenio del que se tiene noticia que fue registrado en Cádiz, Ghevorg di Jachiki, que llegó allí en 1601, procedente de Goa cuando esta región de la India era portuguesa.” En el puerto gaditano atracaban los armenios con la seda, además de con lana, textiles, vestidos, alfombras, especias, medicinas, cintas de oro y plata y otros productos de Oriente. Esta presencia inquietó a la competencia hasta tal punto que en 1676 el cónsul francés en Cádiz informó a su gobierno que en ambas ciudades andaluzas los armenios vendían grandes cantidades de mercancías orientales que importaban y que, por esta razón y porque se les acusaba de ser cristianos tibios o cismáticos (….) fueron causa del descontento popular.” Presionado por este ambiente el 26 de febrero de  1684 el rey Carlos II ordenó su expulsión de la Península por medio de un edicto que decía: ”manda el Rey, nuestro Señor que todos los armenios que se hallaren en nuestra Corte y en otras cualesquier ciudades, villas y lugares de estos reinos, salgan de ellos pasados los seis meses...” No sucedió así, los armenios de Cádiz eran todos cristianos, unos miembros de la Iglesia Apostólica Armenia, otros católicos de origen, algunos católicos conversos y el hecho de ser muchos devotos de la Cofradía de Jesús Nazareno les proporcionó la solidaridad y ayuda de esta, del arzobispo local y del gobernador, lo que les libró de tener que salir de España. Por el contrario, un decreto real de 1685 les concedió el derecho a permanecer en el país y, como prueba de gratitud, hicieron una importante donación anual a la cofradía, a lo que, entre otros, se comprometió documentalmente Jacome o Hagop Zúcar, miembro de una rica familia cuyo apellido se repite en los más de dos siglos en los que hay constancia de comerciantes armenios en Cádiz, y también en Sevilla, procedentes de Ragusa, una ciudad Estado de la costa adriática que competía comercialmente con Venecia y estaba en lo que hoy es Dubrovnik (Croacia).

APENAS UN CENTENAR, HACE 30 AÑOS

El 29 de diciembre de 1980, cuando sufrí el atentado, que reconozco estimuló mi interés por lo armenio, los españoles en general y yo en particular sabíamos poco sobre este pueblo asentado en la Transcaucasia desde hace más de 3000 años, en un espacio en el que los arqueólogos sitúan una de las primeras poblaciones estables de la Humanidad. Varias razones podrían explicar este desconocimiento: la lejanía física de Armenia y España, el bloqueo exterior a que estaban sometidas las entonces repúblicas de la URRSS, el aislamiento internacional de la dictadura franquista y la inexistencia de una colonia armenia numerosa y organizada en el territorio español que pudiera influir en la opinión pública. En aquel año el número de armenios en nuestro país no llegaba al centenar, estaban desperdigados por diversas provincias, en su mayor parte eran estudiantes, propietarios de restaurantes, comerciantes, médicos y artistas procedentes de Siria, Irán y Líbano y algunos de ellos esperaban un visado para entrar en Estados Unidos o soñaban con trasladarse y encontrar trabajo en Argentina, Uruguay, Méjico y otras naciones hispanas de centro y Sur América en las que la diáspora se había establecido después del genocidio y disponían de centros en los que se esforzaban por transmitir a las nuevas generaciones su lengua, religión y tradiciones.

Entonces la información en España sobre los armenios, y en particular la mía, era vaga y escasa: que Charles Aznavour, William Saroyan y Anastas  Mikoyan eran armenios, que había dos buenos restaurantes armenios en Madrid, Ararat y Sayat Nova, en los que servían unos deliciosos pastelitos de hoja de parra rellena con carne picada y que Armenia era la república más pequeña de la Unión Soviética y estaba situada en el confín más meridional de la URRSS, en el área conocida por Asia Menor. Algo había leído sobre Marco Polo y otros mercaderes-viajeros europeos de los siglos XIII y XIV, que sortearon aquellos valles y elevadas montañas y descansaron en sus caravanserai, en los que Oriente y Occidente intercambiaron productos y cultura. 
Desconocía, sin embargo, datos fundamentales en la historia de este pueblo, que sobrevivió a pesar de los golpes sufridos en forma de invasiones: la existencia de otra Armenia en Cilicia, la Armenia Menor, al sur de la actual Turquía, frente a Chipre y con la capital en Sis, que sería integrada por la fuerza en el Imperio Otomano; que en el año 301 fue el primer país en adoptar el cristianismo como religión oficial del Estado, que el monje Mesrob Mashtots creó un alfabeto nacional el año 505.
Tengo que confesar con cierto rubor que sabía muy poco de la masacre de 1915, planificada y ejecutada por el gobierno de los Jóvenes Turcos, que exterminó a millón y medio de armenios y aventó por el mundo a cientos de miles. Antes del atentado la primera persona que me habló del tema y me regaló un libro sobre el genocidio fue Roxy Armen, una cantante francesa de origen armenio a la que, como periodista, entrevisté cuando actuaba y pasaba largas temporadas en Madrid y Barcelona. Triunfadora en las grandes salas de Europa y de América Roxy Armen tuvo gran popularidad en España en la década de los setenta, después de disputar a Julio Iglesias la final del Festival de la Canción de Barcelona de 1970 para acudir al festival de Eurovisión de Amsterdam.
En La Bomba, mi primer libro con protagonismo armenio, cuento mi sorpresa por este genocidio largamente silenciado, el consecuente fenómeno terrorista y la búsqueda incansable de los responsables y los autores de mis lesiones, con los que año y medio después conseguí reunirme en sus bases de Líbano donde les razoné que la violencia, además de injusta, crea rechazo en la opinión pública, incluso en sectores considerables de la opinión pública armenia, y nunca tuvo éxito en la historia de la Humanidad. Que el pacifismo es una “bomba” más potente y eficaz para convencer a los demás de nuestras ideas, como pusieron en evidencia Luther King o Ghandi, El libro describe, con datos históricos, el brutal genocidio que sufrió el pueblo armenio a manos de Turquía y la insistencia obsesiva de este país en no reconocerlo cuando ha sido causa fundamental de la existencia de grupos armados anti turcos,
REVITALIZACION OGANIZATIVA

Aquellos comerciantes armenios y otros, procedentes de diferentes repúblicas mediterráneas, Persia y Holanda que llegaron a Andalucía en los siglos XVII y XVIII, atraídos por el flujo hispano americano, son el antecedente de la oleada más numerosa de la historia, a la que ya aludimos, establecida en el país en los años de bonanza económica, entre finales del siglo XX y comienzos del XXI, cuando se llegaron a contabilizar entre los 60.000 y 80.000 armenios.

No ausculté personalmente esta oleada porque viví, durante quince años, en Lisboa, Bruselas y otras ciudades europeas en las que trabajé como corresponsal y enviado especial de televisiones y radios a diversos acontecimientos mundiales, desde la Guerra de Irak al conflicto de los Balcanes o la ampliación de la Unión Europea. La intensidad del trabajo periodístico y mi salida de España habían contribuido a que el tema armenio, al que había dedicado numerosos artículos, declaraciones y conferencias, lo tuviera parcialmente aparcado durante algún tiempo.

Cuando regresé a España me sorprendió la revitalización organizativa y la mayor presencia de los armenios en el país. Sobre todo, cuando los directivos de una asociación de Barcelona me invitaron a pronunciar una conferencia y a presentar La Bomba en el prestigioso Ateneo de la ciudad. Asistieron centenares de oyentes, tenían buenas relaciones con los medios de comunicación y con los políticos regionales y municipales, se movilizaban para lograr el reconocimiento de la nación y del genocidio armenio y disponían de centros donde celebraban sus actos y reuniones. Una situación bien diferente a la que conocí quince años antes,

Un miembro de la asociación barcelonesa, el arquitecto Armen Sirouyan, la activista de la causa armenia de Madrid, Glenda Adjemiantz, y el sacerdote Der Massis me habían preparado un encuentro con la responsable de una importante editorial nacional para pedirme que escribiera un segundo libro sobre los armenios. Tuve dudas de disponer de algo nuevo que añadir a lo que ya había publicado en La Bomba y así se lo dije. Poco a poco me fueron informando de los cambios experimentados en las colectividades armenias durante mi ausencia, algunos de los cuales pude comprobar personalmente en reuniones con asociaciones de Cataluña, Madrid, Levante y otras regiones en las que se habían establecido en los últimos años.

Pude comprobar, también, algunas diferencias entre los armenios que yo había conocido antes, mayoritariamente nacidos fuera de la República de  Armenia y con una personalidad, en cierto modo, más internacional y mixta y los que llegaban procedentes de este país, más uniformes al menos aparentemente. Estas diferencias tenían que ver con la lengua, la política y hasta con la religión apostólica, con su máxima jerarquía o católicos asentado en San Echmiatzin y otro en el exterior. También se apreciaban en la vestimenta, más sobria. trajeada y oscura entre los armenios de Armenia.

Las diferencias me parecían inevitables en un pueblo condenado a la división entre “armenios del interior” y “armenios del exterior” por la doble coyuntura histórica, la dependencia soviética y el drama global de 1915. No afectaban, sin embargo, al posicionamiento de unos y otros sobre el genocidio y la negativa a reconocerlo de los diferentes gobiernos de Turquía. Todos llevaban consigo el dolor familiar y nacional del holocausto; todos eran unánimes en la exigencia a Turquía de la asunción de lo sucedido y de sus responsabilidades históricas. Conscientes de su influencia en Latinoamérica y en la Unión Europea todos confiaban en que, un día, España sea una de las naciones que reconocen e impulsen el reconocimiento del genocidio.

Finalmente decidí escribir el segundo libro sobre el tema, Armenios, el genocidio olvidado. Lo publiqué en 2007, veinticinco años después de La Bomba, y es un viaje por Armenia y Karabagh con un armenio de España, mi buen amigo el arquitecto Armén Sirouyan, y otros de Armenia, Argentina y Líbano descendientes de familias que sufrieron el genocidio. Pretende demostrar que, directa o indirectamente, todos los armenios sufrieron y sufren las consecuencias de aquella barbarie planificada, llevada a cabo por el gobierno auto proclamado pro occidental y pro europeo de los Jóvenes Turcos.
LOS ARMENIOS Y LA CRISIS 
La situación hoy de la colectividad armenia en España, a pesar de la inoportunidad de la crisis económica, que redujo su número y limitó sus perspectivas laborales, en términos generales es mucho más positiva que en las etapas precedentes en su influencia y conocimiento por la sociedad. En este cambio de perspectiva influyeron principalmente tres factores: la consolidación de las asociaciones armenias y su mayor actividad y presencia en la vida pública y en los medios de comunicación, el hecho de que Armenia es una nación independiente desde 1991, con vocación internacional y presencia en todas las instituciones democráticas mundiales, desde la ONU al Consejo de Europa, y el establecimiento de relaciones diplomáticas con España, primero con la presencia en Madrid de una sede diplomática dirigida por Khorén Tertirian como encargado de negocios, que abrió caminos con las instituciones representativas del país, en primer lugar la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por Alejandro Muñoz Alonso, un veterano periodista que conoce bien la historia. 
A esta comisión tuve el honor de asistir cuando se trató el tema armenio, junto con el citado Tertirian y dos diputados del gobierno y del principal partido de  la oposición en el Congreso de Ereván. El encuentro puso de manifiesto el interés de los senadores españoles por las cuestiones actuales y pasadas de Armenia. En mi intervención destaqué la importancia de estos debates para que los armenios conozcan mejor a España y España a los armenios y para que nuestro país, que mantiene buenas relaciones con Turquía, ejerza su labor mediadora entre el gobierno de Ankara y la Unión Europea y el gobierno turco abra su mentalidad y fronteras, herméticamente cerradas tras el conflicto del Alto Karabagh. Contribuiría a pacificar un área compleja y explosiva, a aproximar a Europa a la Ruta de la Seda de Marco Polo y, quizás también, a que Turquía reconozca el genocidio que está a punto de cumplir 100 años.
EL AÑO DEL CENTENARIO
Escribo estas líneas en enero de 2015, cuando acabamos de entrar en el año en que la República de Armenia y millones de armenios esparcidos por el mundo se disponen a conmemorar este Centenario de la tragedia por medio de actos culturales, artísticos y religiosos, debates, conferencias, artículos, exposiciones, inauguración de monumentos, edición y reedición de libros, documentales, testimonios audiovisuales y películas biográficas e históricas.
Reforzados con nuevos colegios y asociaciones culturales los armenios de España participan activamente en esta movilización general. Por vez primera, con el respaldo de un embajador Plenipotenciario y Extraordinario de Ereván en Madrid, Avet Adonts, que tomó posesión de su cargo en agosto de 2014 y, en pocos meses, ha multiplicado considerablemente la presencia de la República de Arménia en el país, en la doble dirección hacia la comunidad armenia y hacia las instituciones del Reino de España con audiencias con el Rey Felipe VI, el Presidente del gobierno, la alcaldesa de Madrid y otros personajes de la vida institucional, comercial y política. Por su parte la página web de la embajada proporciona información de estos contactos y de otros temas bilaterales e internos, como la creación de una comisión para construir varios templos de la iglesia armenia en España, que, hasta ahora, ha tenido que realizar sus ritos en iglesias de otras confesiones. La embajada también informa de que, en los últimos meses, parece haberse detenido la salida de armenios del país y que incluso aumentó el número de residentes en Madrid y en otros lugares.  Según esta información hoy residen en España aproximadamente 40.000 armenios, de ellos14.000 viven en Valencia, 12.000 en Barcelona, 8000 en Madrid y 2.000 en Alicante.
Estas y otras realidades parecen reflejar un buen momento de la colectividad armenia en este país, después de siglos de escasa o esporádica presencia, y su consciencia de que constituyen hoy un grupo importante capaz de hacer llegar su voz y reivindicaciones a los ciudadanos y al gobierno y demás instituciones de la nación española. 

Esta actividad se percibe en nuevos proyectos en gran parte centrados en el Centenario del Genocidio de 1915, como la gran oportunidad histórica de presionar a Turquía para qué, de una vez por todas, reconozca el genocidio del pueblo armenio ideado y ejecutado por sus antepasados. Que tenga el valor que tuvo Alemania al reconocer el holocausto judío. Un gesto que el mundo le agradeció.

EL AUTOR

El 29 de diciembre de 1980 en uno de los lugares más céntricos y populares de Madrid, la Plaza de España esquina a Gran Vía, una bomba de Goma 2 colocada en una cabina telefónica junto a las oficinas de Swiss Air dejó malherido al autor de este trabajo, el subdirector del diario Pueblo y escritor José Antonio Gurriarán, cuando se dirigía a un cine a ver una película de.Woody Allen. En un comunicado el Ejército Secreto para la Liberación de Armenia reconoció la autoría del ataque contra las líneas aéreas porque Suiza había detenido a miembros del ASALA, que, en este país, preparaban  explosivos contra intereses turcos. Desde la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital Gurriarán se interesó por el tema armenio y por las razones últimas que movilizaban al ASALA. Descubrió el genocidio de 1915, planificado por Turquía, localizó en Líbano a los responsables de sus lesiones, les habló sin rencor de la mayor fuerza del pacifismo, desde entonces defiende la causa armenia en todos los foros y publicó dos libros sobre el tema, uno de ellos La Bomba, que inspiró a Robert Guediguian la película que está filmando sobre el genocidio, Une histoire de fou..

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